Pobres chicos, sin opciones

Allá por mis años mozos, la delincuencia era un fenómeno marginal. Y de entre esos marginales, de gente de mal vivir, cada tanto solían aparecer “señores delincuentes”, profesionales del delito que no mataban si no fuera cuestión de vida o muerte, tipos de “códigos”, si se quiere. No robar una iglesia ni al cura, no meterse con un poli, no robar a un maestro o a un médico…
Hasta que todo cambió. No fue gradual, fue una estampida, como largar treinta mil búfalos endemoniados.

La marginalidad ya no fue marginal y se expandió por los suburbios, y una nueva clase de marginales acabó con los de antes. Los de ahora sí robaban iglesias y curas, robaban y mataban policías con orgullo, no les tocaba la conciencia matar a las maestras represoras ni a los médicos que -pensaban- tienen plata.


La política los “incluyó”. Ahora eran emergentes de la sociedad.
La Justicia, como no podía ser de otra manera, los justificaba y utilizaba el “in dubio pro reo a destajo”. La Ley, con mil y una excusa los dejaba afuera, en las calles, con argumentos tan reales como increíblemente idiotas.


Las fuerzas de seguridad con las manos atadas. Eso sin hablar de los corruptos, que valga decir, eran los menos.


Los medios de comunicación los llamaba “chicos”, a delincuentes asesinos.


La IMPUNIDAD era la reina de la calle y de los estrados.

Fue así que la gente perdió los mates de la tarde en el porche. Es que dejaron de hacerlos, ahora era enrejado, de ése cuadradito bien chiquito, que no deja entrar el caño de una pistola, una palanca, ni la luz.

La gente, la gente normal y honesta se puso "fea". Cambió su cara normal por el rostro adusto, temeroso, desconfiado. Ser solidario pasó a ser sinónimo de boludo, porque parabas a ayudar y eras esquilmado por las pirañas.

Los políticos hablaban de Educación, que ahí estaba la solución.
- Yo no estoy de acuerdo. La educación (pública y suburbana) formadora de personas de bien, ya no es posible, porque padres enfermos no pueden educar a hijos sanos, y las escuelas pasaron a ser academias de delincuentes (cómo antes se decía de las cárceles). ¿No me lo creen? Ok. Pregúntenle a un docente. Si este se pone firme lo echan por represor o lo cagan a palos a la salida los propios padres-.

Fue así como lo que se daba pasó a ser de otra manera.

Si me pidieran una respuesta rápida, un pensamiento en voz alta diría:
Es la Política, es la Ley. Es sacar los famosos “pactos” de la Constitución y hacer una nueva, a la medida de nuestras necesidades ¿Acaso no somos capaces?. Es darle herramientas a las fuerzas policiales y de seguridad, enseñarles, acompañarlos, darles asistencia psicológica y legal cuando lo necesiten. Corre lo mismo para los maestros.

Es decidir desde la Política, es desmitificar la figura nirvánica de los jueces o entender que muchos cayeron como Lucifer y hoy son figuras infernales, pero siempre ostentando el poder.

Y ojo que no hablé de narcos, terroristas y demás grandes yerbas. Es que esos son asuntos que nos tocan colateralmente, son temas de seguridad federal, quizás más graves, al menos distintos. Sólo me referí a la selva del día a día.

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