Minori Gratia

A lo largo de la historia, la humanidad ha necesitado tener dioses. Y como quién sabe si de veras hayan existido alguna vez, y por lo tanto dudo que los hombres hayan visto alguno, apelaron a su imaginación; y como con esto no alcanzaba, recurrieron una y otra vez a representaciones. El Sol, la Luna, el dios del Sol, el dios de la Luna. Árboles, montañas, tierra, animales. Y acá es exactamente en donde quiero detenerme, en las representaciones divinas de los animales. Lo usual han sido las figuras poderosas, serpientes, leones, tigres, osos, águilas; y no faltaron los dragones u otras figuras raras como minotauros, unicornios y hasta sirenas. Y claro, a mí como tipo del siglo XX (y XXI... ¿que se creen?! Jajá!), criado en el monoteísmo más abstracto, y más aún reformulado en agnóstico, me cuesta pensar en divinidades, y mucho menos en representaciones de ellas, y entenderlas, aunque se trate de un ícono que vea todos los días en paredes y pectorales. Pero, si tuviera que pensar en como representaría a un dios, que sea bueno, bello y “lleno de gracia” (Excusare... algo de sarcasmo no puede faltar cuando hablo de esto), no sé... Pienso, pienso, pienso... ¡Sí! Lo tengo. Un colibrí

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