Estos recientes hallazgos han abierto una nueva discusión: ¿Debería el periodismo tender a la objetividad?
Definitivamente sí.
Cuando hablamos de objetividad, nos referimos a aquella percepción de un objeto (una cosa, un tema, etc) desprovista de juicios de valor e independiente de los atributos del sujeto.
Ningún individuo puede ser completamente imparcial, sin embargo, la objetividad debe ser, en este caso, un ideal. De este modo, la información debe buscar asimilarse a la realidad en la mayor medida posible, de manera que las tareas de apreciación y análisis queden legadas al destinatario, quien podrá otorgar a los datos que le fueron dados el grado de parcialidad que corresponda.
La subjetividad, entendiendo por tal a la propiedad de las percepciones influidas por las características y particularidades del sujeto, puede desvirtuar la generación de la información, y condicionar su posterior interpretación.
Si bien no hay dudas de que en la actividad periodística ésta se encuentra inevitablemente implícita desde el momento en que se decide qué contar y qué no, no se puede negar que la veracidad del relato (y la confianza del público en él) será directamente proporcional a la pretensión de objetividad del destinador.
Javier Darío Restrepo, periodista colombiano, muy acertadamente expresó: “La objetividad periodística: una pretensión tan desmedida como la de aprisionar el reflejo de las aguas de un río, que en un instante son y en el siguiente dejan de ser. Sin embargo, (...) es la garantía que el lector busca para poder creer”.
Hoy en día, los medios de comunicación presentan marcas de subjetividad que se tornan cada vez más explícitas.
Esto se ve reflejado al observar una misma noticia en dos diarios diferentes.
Por ejemplo, luego de la aprobación del proyecto de blanqueo de dólares, en la edición del Diario Clarín (opositor al gobierno) del día 30 de mayo del 2013, se publicó la noticia titulada “El kirchnerismo impuso la ley para blanquear dólares”, mientras que en la edición de Página/12 (oficialista) la primicia apareció encabezada como “Shock de inversión: Diputados trata el proyecto de blanqueo”.
Aquí se ve nítidamente cómo las posiciones ideológicas de cada periódico determinan el enfoque que éstos toman para contar los hechos, dejando plasmadas claras marcas de subjetividad, y disminuyendo el nivel de legitimidad del relato.
En conclusión, podemos decir que aún cuando buscar una neutralidad impecable sea un acto utópico e idealista, el periodismo debe aspirar al mismo.
Tal como dijo Marcelo Colussi, psicólogo argentino: “(Con la objetividad) Sucede como con las estrellas: Son inalcanzables pero nos marcan el camino”.
Y además, es preferible pecar de utópico que pecar de falaz.
Stephanie Dañeiluk
Stephie, te quiero y te admiro.
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ResponderEliminarEn mis años mozos fui músico, componía. Siempre evité prestarle las partituras a alguien. Temía el plagio.
ResponderEliminarHace poco, escribí algo en una página web. De casualidad me dí cuenta que había sido robado y mi obra reproducida sin faltarle ni sobrarle una coma. Y no una, decenas de veces! Claro, faltaba mi nombre. Otros nombres firmarían y harían propio lo que fue mío.
Otra vez tuve ganas de enviar un comentario a un diario, con la esperanza remota de que alguien del diario lo lea. ¨Ni en pedo¨, me advirtió un amigo, ¨si les parece bueno te lo van a robar¨.
Cuanto hijo de puta que hay en la calle. Quisiera que fuera cierto que exista un Dios, porque me imagino el diluvio o el fuego de Sodoma y Gomorra.
Pero nada de eso va a pasar.
¨Dios, si resulta que existieras... Ok, no envíes agua ni fuego como dicen que hiciste alguna vez. Ponelos a esos hijos de puta delante de mí en una noche oscura y solitaria... y seré un buen creyente¨