12:30 del mediodía. Vengo desde el centro en el 37. Los carteles presagian lo que está por venir, Son carteles y pasacalles que saturan la vista con propaganda de Diaz Perez y Cristina.
Bajo en Lanús. La turba, mezcla de gente limpia, sucia y más o menos, se apresura a cruzar la gran vía del sur. Logro llegar a la plaza frente a la estación. Un hombre (humano supongo) gris, marrón, duerme al pie de una sucia bandera (¿Quién habrá sido el de la idea de que no se deben lavar? Cámbienla cada tanto entonces!). Unos predicadores cantan sin que nadie les de pelota. Un par de negros (si negros, como Kunta Kinte) se suman a las decenas de vendedores de baratijas.
Tengo que cruzar el túnel por debajo de las vías del Roca. Acaba de llegar un tren. La repú... El amontonamiento marca el ritmo. Vendedores, pungas, vecinos, todos hechos un masacote humano. Cuido mis bolsillos.
Imagino que las mujeres además deben cuidar sus culos.
Salgo de túnel, siento que aguanté la respiración por horas. Inspiro una bocanada de aire mezclado con el excremento gaseoso que sale de los colectivos.
Hago una fila larga.
Subo al colectivo. Me lleva por calles que suelo transitar en auto. Al chofer no le calientan los pozos. Mi trasero rebota contra el asiento, los baches y lomos de burro no dan pausa.
Llego a mi casa. Cierro con llave, con muchas llaves. Respiro hondo otra vez.
Y no puedo entender lo que seguirá siendo. Que la gente seguirá las indicaciones, las de los carteles que le dicen a quien deben votar.
Y seguirá Diaz Pérez, y Cristina, y la miseria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.